Ingredientes:
350 gr. de harina integral (de trigo o espelta), 200 ml. de agua tibia, 2 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra, un sobre de levadura seca de panadería (la de postres no vale) o 20 gr. de levadura fresca y una cucharadita pequeña de sal.
Preparación
Si elegís la opción de levadura fresca, conviene disolverla unos minutos en agua tibia (en la que vamos a utilizar para la receta).
Echamos todos los ingredientes en un bol y los mezclamos revolviendo con un tenedor.
Cuando ya están algo mezclados, amasamos con las manos unos 5-10 minutos hasta tener una masa homogénea.
Dejamos la masa de nuevo en el bol, la tapamos con papel film o un paño húmedo y la dejamos reposar mínimo una hora, hasta que doble su tamaño.
Truco: si la dejas cerca de una fuente de calor (al lado de una olla hirviendo, encima del router…) la masa crece más rápido.
Una vez lista la masa, la vamos estirando poco a poco presionando con los dedos (al principio cuesta un poco y parece que no va a llegar, pero no desesperes), colocamos los toppings y la metemos al horno a 200º hasta que esté tostadita.
Toppings: en este caso la pizza lleva salsa de tomate (sofrito Gallina Blanca, que le va genial), queso rallado, pavo natural, calabacín, pimientos asados y queso de cabra.
Siempre intento llenar mi pizza con verduras por dos razones: es un plato más completo y, sobre todo, porque quedan súper ricas.
Con estas cantidades la masa da para dos pizzas redondas o una grande del tamaño de la bandeja del horno.
Yo suelo dividir la masa en dos y conservo el otro trozo en papel film en la nevera para otro día. También se puede congelar.
¡Espero que os guste tanto como a mí!



